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Montag, 16. März 2009

Jim Cramer on Jon Stewart's show

Vielleicht muss man das erklären: Jim Cramer hat eine Show im US-Fernsehen mit dem zu diesen Zeiten passenden Namen "Mad Money", in der er wie in einem Hobbyzimmer für überkokste Investment Banker steht, rumspringt und die Kamera anschreit, man möge doch bitte diese Aktien verkaufen (Sell, sell, sell!!) oder möglichst jene Fonds kaufen, um dann in einer Videoschnitt-Geschwindigkeit von einem Gedanken alle zwei Sekunden zu erklären, warum das auch noch sinnvoll sei. Dieser Marktschreier des Turbokapitalismus, auf den nun alle schauen, als hätten wir ihn schon hinter uns (nicht den Marktschreier), wird jetzt interviewt von dem vielleicht besten politischen Journalisten der USA, Jon Stewart.

Der etwas merkwürdige Twist an dieser ganzen Geschichte ist nur, dass Jon Stewart eigentlich ein Comedian ist und seit neun Jahren eine Art CNN-Parodie als Comedy-Show moderiert. Erstaunlich an diesem Mann ist die Tatsache, dass ihn sein Job, der darauf abzielt, die absurde Szenerie US-amerikanischer Politik satirisch auf die Spitze zu treiben, zu einem präzise analysierenden und messerscharf fragenden Journalisten gemacht hat. Stewarts Interviews sind legendär, weil bissig, authentisch und hochkonzentriert. Dass diese Konstellation auch noch unterhaltsam ist (und zwar schon seit Jahren mehr als die etwas abgehangenen Late-Night-Dinosaurier Leno und Lettermann), bleibt wohl das ewige Alleinstellungsmerkmal US-amerikanischer Unterhaltungsindustrie, die eben doch meistens ein paar Neuronen weiter ist als der Rest.

Enjoy.

Dienstag, 26. September 2006

interview mit morabito (teil IV)

seguimos con la entrevista que le hize a Fabio Morábito. Se ha publicado hasta el momento:

  • raíces y biografía
  • la traducción
  • poética


  • en este post se publicarán las últimas dos categorías

  • temas de su literatura
  • berlín


  • Temas de su literatura

    En su libro de cuentos más reciente, Grieta de fatiga, aparece el tema de lo picaresco, cuando narra la historia de dos anacrónicos caballeros andantes que, dandose cuenta de su singular antiguidad y decadencia, se absuelven de las reglas de su oficio para terminar matándose en rabia. ¿Acaso en estos dos caballeros andantes se refleja la noción del migrante, designado a seguir moviendose por la tierra, perdido en sus tradiciones, anacrónico a su alrededor?
    No lo había pensado. Puede que sí. Pero creo que el tema de fondo del cuento que usted cita no es tanto el anacronismo o el perpetuo deambular por la tierra, sino el desgaste de la materia, el deterioro de los objetos, la incapacidad del ser humano para dominar y controlar el mundo natural a su alrededor. Las armaduras de los dos caballeros se hacen pedazos, pierden tuercas a cada rato, se vuelven inservibles. Fue eso lo que inspiró el cuento.

    Los protagonistas de su prosa a menudo comparten con el “yo lírico” de su poesía una soledad y una cierta melancolía de extravío. Aún así, en su prosa trabaja este motivo con mayor humor, sutileza e ironía que en su poesía. ¿Por qué es así?
    Porque el humor y la ironía se dan más fácilmente en la prosa, supongo. Pero en la poesía aparecen pliegues más profundos de ese mismo tema.


    Berlín

    ¿Qué es lo que más recuerda de Berlín?
    Su aire plácido.

    ¿Ha cambiado su perspectiva hacia la Ciudad de México después de su experiencia de Berlín?
    Creo que mi perspectiva de la Ciudad de México cambia constantemente, con o sin Berlín. Es una ciudad en perpetua transformación. Cuando llegué a Mexico, en 1970, este país y esta ciudad me parecieron sumamente aburridos, y la sociedad mexicana una sociedad estancada. Pero el país ha cambiado mucho, cambia continuamente, a un ritmo mucho más acelerado que en Europa. En Berlín descubrí una suerte de ciudad ideal, capaz de reunir cierta placidez provinciana con la efervescencia de la gran ciudad, y también descubrí con gran alegría una sobriedad arquitectónica que la salva de la monumentalidad lo mismo que de un modernismo frenético, una ciudad de verdad habitable y respirable, con una identidad difusa, que no aplasta al individuo. En cambio, en la Ciudad de México, lo mismo que en Florencia o en Venecia, uno puede sentirse aplastado, aunque por razones muy distintas.

    En parte, También Berlín se olvida parece como una declaración de amor (quizás en algo: imposible) a la capital alemana. Sin embargo, el título se lee como un comentario a un pasado al cual no se puede ni se intenta volver. Con este libro, el título parece decir, mí capítulo de Berlín se cierra. ¿Es correcta esta impresión? ¿Cuál es su relación actual con esta ciudad? ¿Cómo se siente frente a la vuelta a Berlín que se va a efectuar en Octubre de este año?
    Sí, es una impresión correcta. Realmente yo nunca imaginé que podría escribir un libro, ni siquiera breve como el que escribí, sobre Berlín. Ha sido probablemente el libro que más me ha sorprendido de todos los que he escrito. Fue algo inesperado, un pequeño regalo del cielo. Volví después del libro, al Festival de poesía 2005, y fue un alivio comprobar que sigo amando a esa ciudad, y que el libro ya no me pertenece.

    En sus textos sobre Berlín se destaca una fascinación acerca del carácter inacabado, a menudo imaduro de esta ciudad, cuyo río no es un río y cuyas gruas no son una molestia, sino atracción para sus habitantes. De la Ciudad de México dice que parece más bien mancha, en nada concreto, difuso en sus bordes. En su poema No tener casa evoca la añoranza de una casa amorfa, de constante periferia, que cada día se inventa de nuevo. ¿Qué es lo que le fascina de estos lugares inacabados, sin orilla fija?
    Que todo está por hacerse, que se puede soñar.

    Muchas gracias por esta charla.

    Freitag, 8. September 2006

    interview mit morábito (teil III)

    continuamos después de una breve pausa con la entrevista que le hice a fabio morábito a través de correo (yo: alemania, él: méxico). hasta el momento se han publicado

    sigue:

    Poética

    ¿Le ocurre o ha ocurrido que escribiendo en español piense en italiano?
    Sí, a menudo.
    Su literatura se caracteriza por un rígido manejo de las palabras. Extensión barroca, intelectualismos, exceso de material se encuentra poco. Predomina un estilo filtrado y aclarecido, con la dicha intención de narrar, con el deseo de la palabra adecuada, la observación acentuada. Cómo lo logra, ¿es minimalista desde la primera frase o escribe primero y luego reduce?
    Por lo general mis correcciones tienden a la reducción, pero a veces a lo contrario. Como sea, frente al estilo deshidratado de ciertos autores como Raimond Carver, siento necesidad de más relleno, de más “humedad”. Admiro la concisión, pero hasta cierto punto.
    Usted escribe poesía muy respetada y cuentos con gran sutileza y eleganica. Qué es lo que le detiene a escribir su primera novela: ¿Falta de tiempo o de confianza?
    No tengo problemas de falta de tiempo, porque escribo todos los días de tres a cuatro horas. ¿Falta de confianza? Tal vez. El problema, sin embargo, creo que es otro. Se debe a los capítulos. Si uno no ha resuelto dentro de sí el problema de los capítulos, no puede escribir una novela. Uno debe aceptar que una historia puede estar formada por capítulos, es decir, que la historia puede saltar de un punto a otro, temporal y espacialmente, y a menudo esos saltos pueden ser muy grandes, abarcar años e incluso siglos. El arte de la novela estriba en saber saltar. Y yo soy de los que se pregunta: ¿qué ha pasado en el intervalo entre un capítulo y otro? En ese espacio de tiempo, incluso breve, que la novela pasa por alto, ¿cuántas historias no podrían haber surgido? ¿Qué ocurrió realmente en esos “huecos” de la narración? Tal vez, cuando aprenda a no preocuparme por esos huecos, podré escribir una novela.
    Su cuento “La luna y las ratas” me pareció de todos el que más se acercaba a la posibilidad de una novela. ¿Sintió la tentación?
    No, desde el principio sabía que esa historia era un cuento, fuera cual fuera su extensión.
    Acaba de salir el libro La ola que regresa, después de el verde más oscuro su segunda antología poética. ¿Qué es lo que se percibe más (en sus lecturas, en las reacciones, en las reseñas): su poesía o su prosa?
    Durante mucho tiempo se me ha considerado sobre todo un poeta. Creo que todavía prevalece este punto de vista. Sin embargo, algunos me conocen más como narrador. En cuanto a números de libros, prosa y poesía están más o menos empatados. Los dos géneros –cuento y poesía– me hacen falta con la misma intensidad.
    ¿Ha tenido que hacer ajustes a sus textos frente a las exigencias del mercado literario?
    No. Ser un poeta y un cuentista tiene sus ventajas: se venden pocos libros, pero no hay, por lo mismo, presión de ningún tipo. Los editores que me han publicado, tanto en México como en el extranjero, saben que conmigo no se van a hacer ricos.
    En su relato "El hombre del croissant" usted dice: “la verdadera dificultad de escribir se reduce en el fondo a encontrar las palabras del día, las que nunca fueron dichas hasta hoy y que mañana ya serán inapropiadas e irrepetibles”. En la edición alemana de su libro La lenta furia, se le cita con “En efecto, las historias ya han sido contadas todas. Uno sólo puede anhelar a resucitarlas, como un arqueologo que excava los esqueletos de los dinosaurios, que nada más esperan a ser limiadas de la arena para poder mostrar su maravilloso rostro.” ¿Cómo logra sentir que lo que usted ayuda a resucitar suena como suyo, suena original y no como una perpetua repetición de temas ya narrados por muchos? O mejor dicho: ¿Cómo logra sentirse original como autor?
    No me obsesiona la originalidad. Cuando termino de escribir un poema o un cuento, y me gustan, lo que menos me pregunto es si se parecen a otros ya escritos. En realidad pienso que, si me gustan, es que son genuinos, y no se parecen a ninguna otra cosa. Uno debe preocuparse por escribir cosas genuinas, no originales.

    Dienstag, 22. August 2006

    interview mit morábito (teil II)

    hoy continúa la entrevista con Fabio Morábito que hize con él por motivo de completar mi tesis de maestría con sus respuestas a preguntas que hize en parte por interés general y en parte por razones específicas de mi investigación (que se dedica a analizar la obra o parte de la obra de dos autores cuyo lengua literaria no es la materna).

    en esta segunda parte de la entrevista las preguntas enfocan aspectos de la traducción literaria que es para Morábito no sólo un aspecto de su trabajo como profesional sino también uno de los temas de su investigación como filólogo en la UNAM. además forma parte de su obra literaria como leitmotiv de su poesía y de su prosa (los Vetriccioli, un cuento sobre una familia de traductores). bueno, qué hable él...

    La traducción

    Entre sus diferentes oficios de escritor (prosa, poesía, ensayo y traducción), ¿cuál lugar e importancia toma la traducción?

    La de un oficio. He traducido para ganarme la vida. Lo cual, por supuesto, le da mucha importancia.
    ¿Le resulta traducir productivo para su labor literaria?
    Me han hecho ya esta pregunta, y no sé qué decir. Uno piensa: traducir ha de servirle de algo a un escritor. Pero, ¿en qué? ¿En aumentar su vocabulario, acaso? No lo creo, y esto, en todo caso, se logra más fácilmente y sin tantos sufrimientos con la lectura. ¿En soltar la pluma? No, uno se suelta sólo cuando escribe de verdad, no gracias a un calentamiento previo. ¿En qué, entonces? Tal vez en lo siguiente: como escribir es ponerse máscaras, la traducción, que es el enmascaramiento por excelencia, ayuda a refinar el arte del disfraz, esto es, a ponerse en la piel de otro. Pero tampoco estoy seguro que es así.
    ¿Cómo trabaja la propia vanidad de artista cuando traduce? ¿Es usted un Vetriccioli o un Guarnieri?
    Ni uno ni otro: carezco del misticismo de los Vetriccioli, así como de la vulgaridad de los Guarnieri. Cuando más interfiero en el texto que estoy traduciendo, lo hago por aburrimiento, no por vanidad. Pongo más de lo mío para divertirme un poco, porque la traducción es una labor tediosa el ochenta por ciento de las veces.
    ¿Qué papel juega en su opinión el traductor en el mercado literario de México?
    El mismo que juega en los demás países, ni más ni menos.
    ¿Tiene usted algo como una traducción favorita? ¿Toma en cuenta los trabajos de otros traductores?
    No sólo no tengo ninguna traducción favorita, sino que, en cuanto a la poesía, he perdido casi completamente la fe en las traducciones. Esto es fruto de mi experiencia como traductor, no sólo porque descubro los desaguisados de otros traductores, sino porque mis propias traducciones me recuerdan constantemente todo lo que se pierde irremediablemente del original. En cuanto a la prosa, en cambio , no tengo ningún problema.

    entrevista con morábito (parte I)

    Freitag, 18. August 2006

    interview mit morábito (teil I)

    im rahmen meiner magisterarbeit (für die mir jetzt noch etwas mehr als sechs wochen bleiben...) habe ich mich mit zwei autoren intensiv auseinander gesetzt: terézia mora und fabio morábito (der ja schon des öfteren hier einen kleinen auftritt hatte).

    letzerer ist ein mexikanischer schriftsteller italienischer herkunft mit arabischem geburtsort. wie es sich für einen schrifsteller gehört: alexandria.

    für die arbeit habe ich beiden einige fragen gestellt, die ich hier sukzessive veröffentliche möchte.

    comenzamos con morábito, puesto que esta entrevista ya se hizo. dividí mis preguntas en las siguientes partes:

    • raíces y biografía
    • la traducción
    • poética
    • temas de su literatura
    • berlín
    empezamos con raíces y biografía:

    Cuando piensa hoy en Alexandría, ¿qué es lo que le queda de su ciudad natal?

    Recuerdos vagos, imágenes inconexas, algunos rostros y lugares, y muchas fotos de aquella época. Sólo viví tres años en esa ciudad.

    De adolescente, se mudó con sus padres de Italia a México. ¿Fue una migración voluntaria?

    Voluntaria por parte de mi padre, no de la mía, ciertamente. Lo que menos deseaba, a los catorce años, era mudarme de país. De México lo ignoraba todo, empezando por la lengua. Durante el primer año de mi estancia en México añoré tremendamente mi ciudad y mis amigos. Fue un año desdichado, pero en él empecé a escribir (en italiano) y a leer mucho.

    En una reseña que el historiador Cristopher Domínguez Michael publicó acerca de También Berlín se olivda, él dice que con los cuentos que narra este libro, “Morábito elige otra vez una ciudad extranjera (como la propia ciudad de México en la que vive desde 1969)”. Es cierto, ¿todavía considera la Ciudad de México como extranjera después de 37 años viviendo en ella? ¿Acaso es posible que También La ciudad de México se olvida?

    Sería incapaz de escribir un libro sobre la Ciudad de México del mismo tipo que aquel que escribí sobre Berlín. Carezco de la distancia necesaria para hacerlo. Mi relación con Berlín fue a cada instante la de un extranjero de paso, que mira la ciudad con los ojos de alguien que sabe que se va a ir. En este sentido, fue un año de descanso. Por primera vez me sentí total y absolutamente extranjero, sin vuelta de hoja. ¡Qué alivio! Escapé durante un año de las medias tintas, como siempre he vivido: en Egipto, nativo pero extranjero; en Italia, italiano nacido en Egipto; en México, mexicano con pasaporte italiano. Sin embargo, el título de mi libro sobre Berlín me reveló algo: no sólo Berlín, sino todas las ciudades son olvidables. ¡Se parecen tanto, en el fondo!